Me
significó por sobre todo, la alegría inmensa de ir a la escuela
cada jueves para consagrarlo al rito comunitario llamado “Taller
Central”, a la búsqueda de indicios que nos permitieran
vislumbrar un buen porvenir y proyectar para una nueva vida - que
también es hoy -basada en elementos culturales, justos y
civilizatorios, que posibiliten el paso de un paradigma
cultural – económico y por lo tanto también arquitectónico,
evidentemente obsoleto, hacia otro vigente, donde haya lugar para los
anhelos.
En
esos días dábamos cuenta de ese mundo posible a través de las
miradas de todos los alumnos y colegas. Los jueves eran también, los
días de la
pregunta.
Esos catorce años en la escuela me dejaron un tejido de preguntas
muy vasto que sigue abriéndome caminos.
Me
significó convertirme en profesora de taller, aprender a enseñar
arquitectura entendiendo que los iluminados son los alumnos y que el
conocimiento generado en el taller es propiedad colectiva. Pude
comprobar que la producción colectiva de ideas, permite que podamos
significar
el
saber que cada integrante de ese colectivo porta, que la arquitectura
se nutre de muchas cosas pero que es sólo desde el saber horizontal
y en forma participativa que es posible ir construyendo. Que el
desarrollo es sobre todo colaboración.
Semana a
semana, me significó hacer un esfuerzo en encontrar la forma en que
pudiese aportar para hacer emerger aquella expertiz que todo ser
humano porta por el sólo hecho de vivir en sociedad, Pablo hablaba
de formar “ciudadanos arquitectos”, creo en eso con mucha mas
fuerza hoy. El principal obstáculo de esta ruta emprendida fue,
inicialmente, la falta de fe que los alumnos tenían respecto de su
propio saber, les costaba creer que ellos eran los protagonistas en
la producción colectiva de conocimiento – el paso por un sistema
educacional vertical y autoritario, deja su huella.-. Lo que se pedía
a los alumnos eran respuestas a las preguntas planteadas en el Taller
Central.
Pude
haber olvidado las respuestas si las hubiese memorizado
mecánicamente, pero no lo hice, porque las
recuerdo,lo, que significa que las he hecho pasar por mi corazón1
algunas
de ellas:
– ¿Dónde
queda ”Blanquerna”?
Responde
Patricio Carvajal:
”Blanquerna
queda, al igual que lo justo y lo bueno, entre las piedras y las
estrellas”
– ¿Cómo
se habita en Tunquén?
Responde
Manuela Altamirano:
”Si
se observa desde el patio de una cierta casa, se puede decir que se
habita con un horizonte arriba y otro abajo. El de arriba está dado
por la vastedad del océano y el segundo por la cercanía entre los
promontorios que conforman esa pequeña bahía.”
– ¿Cuál
será el motivo por el cual la calle “San Cristóbal” tenga los
mas altos índices de asaltos de su comuna?
Responde
Julio Nanco:
”Por
la falta de luz del sol. Porque al quedar esta calle justo entre el
cerro San Cristóbal y el cerro Blanco, es la calle donde amanece más
tarde y donde anochece más temprano, es decir, los asaltantes
cuentan con más horas de oscuridad como amparo”
Viendo
estas respuestas hoy me maravillo y pienso que se pudo haber escrito
un pequeño ensayo con cada una de ellas. Estas tres me llevan a un
donde, a un cómo y a un programa que da cuenta del significado de la
luz solar, y son sólo tres de entre miles.
El
paso por esta escuela me significó también, la valiosa experiencia
del Taller de la Vivienda en la localidad de Rungue, me significó
conocer algo del habitar en comunidades mapuche y derivado de ese
trabajo la pregunta por La
Penumbra desarrollado
por toda la escuela en sus distintos niveles durante un semestre.
Todo esto
dentro de un ambiente humano de una calidéz que aún me abriga,
entrañable.
Hoy, si se
planteara una intervención, quisiera que esta fuera en un pequeño
pueblo de Chile, ojalá en el norte. No no vacilaría en proponer
empezar el trabajo con una gran fiesta que diera el vamos a un
Taller Central, pero esta vez sería público. En él participarían
tanto el pueblo como los arquitectos y los otros profesionales
involucrados en el trabajo, los alumnos que quisieran – porsupuesto
-, de la escuela y la universidad que fueran. Y, así como los
alumnos demostraron ser protagonistas en la producción de
conocimiento, el pueblo, en este caso, sería el protagonista de su
propio desarrollo. Es decir, haría extensiva lo que hoy llamo “La
pedagogía de la pregunta” a pequeñas comunidades completas.
Estoy
segura de que así se lograría un desarrollo humano poderoso y
vigente.
Ximena San
Cristóbal
Arquitecto
Ms - SAR
Lund,
Suecia 19 de mayo de 2012.